Semana del 29 de junio al 3 de julio de 2026:
Durante toda la semana, las clases de Lenguaje Musical han demostrado que aprender teoría no tiene por qué ser aburrido. Cada grupo ha seguido un camino adaptado a su edad, siempre a través de la experimentación, el juego y la curiosidad.
Los más pequeños han descubierto el ritmo mediante juegos, percusión corporal y actividades en las que han aprendido a reconocer y reproducir negras, corcheas y silencios. También han comenzado a conocer las notas musicales de una forma muy especial, acompañando las aventuras de Sol y Mi en su casita del pentagrama, un recurso que les permite comprender conceptos musicales de manera natural y divertida. Además, ya cuentan con una carpeta personalizada donde irán guardando todas sus fichas y trabajos, que poco a poco se convertirá en un bonito recuerdo de todo lo aprendido durante el campus.
Los mayores, por su parte, han ido mucho más allá de la simple práctica musical. Comenzaron organizando las canciones que prepararán durante la semana y, a medida que avanzaban los días, se adentraron en el fascinante mundo de los acordes, los intervalos y la construcción de la música. Lo más bonito ha sido ver cómo la teoría dejaba de ser una lista de conceptos para convertirse en respuestas a preguntas que ellos mismos iban planteando. Cuando la curiosidad toma el mando, el aprendizaje deja de ser una obligación y se convierte en un auténtico descubrimiento.
Los talleres de esta semana han sido un auténtico derroche de imaginación, creatividad.
Uno de los momentos más divertidos de la semana ha sido el de las construcciones libres. Con piezas gigantes, colchonetas, mesas y todo lo que encontraban a su alrededor, los alumnos dieron rienda suelta a su imaginación para crear refugios, fortalezas, circuitos y estructuras de lo más originales. Más allá del juego, sin apenas darse cuenta, trabajaban en equipo, resolvían problemas y convertían cualquier idea en una nueva aventura.
Los más pequeños han trabajado durante varios días en una divertida marioneta con forma de unicornio, construida con materiales reciclados como rollos de cartón, lana, tapones y palos de madera. Poco a poco fueron dándole forma hasta terminarla y, como no podía ser de otra manera, enseguida empezaron a inventar historias y a hacer hablar a sus nuevos personajes. Además, también disfrutaron de momentos de creatividad totalmente libre, dando rienda suelta a su imaginación con todo tipo de materiales.
Y hubo un descubrimiento que promete dar mucho juego durante las próximas semanas: el rincón del LEGO. Algunos lo encontraron casi por casualidad y la reacción fue inmediata. Bastaron unos minutos para que quedaran completamente fascinados. Tenemos la sospecha de que ese rincón va a convertirse en uno de los más visitados del campus y que muy pronto veremos aparecer construcciones de todo tipo.
Los mayores tampoco se han quedado cortos. Lo que comenzó como un sencillo taller de manualidades ha terminado despertando una auténtica pasión por la artesanía. Cada proyecto era una excusa para añadir un detalle más, perfeccionar un acabado o empezar una nueva creación. A este paso, al terminar la Escuela de Verano tendremos que plantearnos abrir una pequeña tienda de manualidades... porque el nivel artístico está subiendo por momentos.
La música también ha encontrado su espacio en los talleres con la batucada. Los mayores trabajaron distintos ritmos en equipo, coordinándose para sonar como un verdadero grupo de percusión, mientras que los más pequeños, contagiados por el entusiasmo de sus compañeros, comenzaron a acercarse a los instrumentos con una curiosidad que no ha dejado de crecer durante la semana. Ese interés espontáneo es precisamente el primer paso para descubrir que hacer música puede ser tan divertido como cualquier juego.
La música ha sido el hilo conductor de toda la semana. Los alumnos han podido conocer y probar distintos instrumentos, formar sus primeros grupos musicales y descubrir la importancia de escucharse y tocar en equipo. Poco a poco, los más pequeños también se han ido contagiando del entusiasmo de los mayores, despertando una curiosidad que promete seguir creciendo en las próximas semanas. El objetivo ya empieza a cumplirse: hacer que la música deje de ser algo que se aprende para convertirse en algo que se vive.
El calor ha tenido un gran aliado en los juegos de agua. Comenzamos con refrescantes actividades en la piscina y una divertida partida de la "patata caliente" con globos de agua, para dar paso a una de las actividades más esperadas de la semana: la gran guerra de pistolas de agua. Durante unos minutos, el patio se transformó en un auténtico campo de batalla donde nadie estaba a salvo de acabar completamente empapado. Las alianzas cambiaban constantemente y las carcajadas fueron las verdaderas protagonistas.
También hubo espacio para poner a prueba la mente. En el Memory por equipos, los alumnos desarrollaron sus propias estrategias para recordar la posición de las cartas, ejercitando la memoria, la concentración y la capacidad de trabajar en grupo casi sin darse cuenta. Y, por supuesto, no faltó la tradicional partida de bolos, donde los más pequeños decidieron reinventar las reglas colocando los bolos de las formas más imaginativas posibles. A veces la creatividad también aparece cuando menos te la esperas.
Como broche final de la semana, todos disfrutaron de una gran gimcana que mezclaba actividad física con retos musicales. Aros, capazos, carrillones, taburetes, mangueras y piscinas dieron forma a un auténtico circuito de obstáculos en el que, además de superar las pruebas, los participantes tenían que responder preguntas sobre Historia de la Música o demostrar sus conocimientos interpretando pequeñas escalas. Una forma divertida de comprobar que el aprendizaje puede aparecer incluso mientras se corre, se salta... y se acaba con los pies en el agua.
Cada día ha terminado de una forma diferente, pero si hubiera que elegir un momento que resumiera el espíritu de esta primera semana, sería el instante en el que reunimos por primera vez a todos los grupos en una misma actividad musical. Grandes y pequeños interpretaron juntos una batucada con boomwhackers, aprendiendo que hacer música no consiste solo en tocar una nota, sino en escuchar a los demás, esperar el momento adecuado y formar parte de un mismo conjunto. Ver a alumnos de edades tan diferentes coordinándose para crear una única interpretación fue uno de esos momentos que demuestran el verdadero objetivo del campus: descubrir que la música es un lenguaje capaz de unir a todos. Y, como también hay tiempo para bajar las revoluciones, una de las jornadas terminó con un ejercicio de relajación que les permitió asimilar todo lo vivido y regresar a casa con una agradable sensación de calma.
La próxima semana seguiremos construyendo sobre todo lo que ya hemos conseguido. Los pequeños continuarán descubriendo nuevos instrumentos y los mayores afrontarán retos musicales cada vez más interesantes. Tampoco faltarán nuevos juegos, talleres de creatividad, actividades al aire libre y alguna sorpresa que todavía guardamos bajo llave. Si esta primera semana ha servido para despertar la curiosidad y hacer nuevos amigos, la segunda promete ser aún más divertida. ¡Nos vemos el lunes para seguir disfrutando de la música y de un verano inolvidable en Soldofá! 🎵☀️

