Es fundamental que entendamos bien qué función tienen el sostenido (#) y el bemol (♭) cuando aparecen sobre una nota, ya que esto nos permitirá contar correctamente los tonos y semitonos que forman un intervalo musical.

Por eso, si todavía tienes alguna duda sobre este tema, por favor, escríbeme por WhatsApp y lo vemos con tranquilidad. Es importante tenerlo claro antes de seguir avanzando.


Habrás observado que los intervalos de tercera que vimos en clase tienen las mismas categorías que los intervalos de segunda: disminuidos, menores, mayores y aumentados.

También te habrás dado cuenta de que entre cada una de estas categorías hay una diferencia de un semitono. Recuerda la tabla:

Por cierto, seguramente habrás observado algo curioso: en una 2.ª disminuida, las dos notas pueden sonar exactamente igual, aunque estén escritas con nombres diferentes.

Por ejemplo, DO♯ y RE♭ representan la misma altura de sonido en nuestro sistema habitual, pero una sigue siendo un DO y la otra un RE. A esto lo llamamos enarmonía: dos notas con distinto nombre y distinta escritura, pero que producen el mismo sonido.

¡Cuidado con no confundirlo con el unísono! En un unísono tenemos la misma nota repetida, por ejemplo DO–DO. En cambio, en una enarmonía tenemos dos notas con nombres diferentes que suenan igual, como DO♯–RE♭.

Por eso, aunque entre DO♯ y RE♭ no haya ningún semitono de distancia, al contar sus nombres —DO y RE— seguimos teniendo un intervalo de segunda.

Te dejo aquí una ficha para que la imprimas o la copies en un papel, como prefieras, y analices cada uno de los intervalos.

Fíjate bien en las notas, cuenta los tonos y semitonos y determina qué tipo de intervalo es. Y mucho cuidado con los sostenidos y bemoles, que ya sabes que pueden cambiarlo todo. 🎵

Recuerda que primero contamos el número de notas que abarca el intervalo, incluyendo siempre la primera y la última. Por ejemplo, de DO a MI contamos DO–RE–MI, por lo que tenemos un intervalo de tercera.

Una vez sabemos de qué intervalo se trata, contamos los tonos y semitonos que hay entre las dos notas para determinar si es mayor, menor, aumentado o disminuido.

Esto es muy importante: el número del intervalo no lo determina la cantidad de tonos o semitonos, sino los nombres de las notas que abarca. Esa es la clave.


Estudiando los intervalos de segunda y tercera, hemos podido comprobar que algunos producen una sensación más disonante y otros más consonante.

A veces se explica de una manera muy sencilla diciendo que una consonancia «suena bien» y una disonancia «suena mal», pero, como sé que esa explicación a vosotros no os convence demasiado, vamos a buscar una explicación física relacionada con las frecuencias y los armónicos de los sonidos.

Cuando tocamos una nota, en realidad no escuchamos una única frecuencia. Junto al sonido principal aparecen otros sonidos llamados armónicos. Cuando hacemos sonar dos notas simultáneamente, sus frecuencias y sus armónicos se combinan.

En los intervalos que percibimos como más consonantes, muchas de esas vibraciones guardan relaciones sencillas y algunos de sus armónicos coinciden o encajan con facilidad. Esto hace que el conjunto resulte más estable para nuestro oído.

En los intervalos más disonantes, las frecuencias y sus armónicos presentan relaciones más complejas y pueden producir batimientos, pequeñas fluctuaciones provocadas por frecuencias próximas que interfieren entre sí. Esto puede generar una sensación de mayor tensión o inestabilidad.

Por tanto, consonante no significa necesariamente «bonito», ni disonante significa «feo». La disonancia es un recurso fundamental en la música: crea tensión, mientras que la consonancia suele proporcionar una mayor sensación de estabilidad o reposo.

Y precisamente jugar con esa tensión y reposo es una de las herramientas que utiliza la música para avanzar, crear interés y provocar diferentes sensaciones.

🎹 Recordadme en la próxima clase que hagamos un experimento con un piano acústico.

Desmontaremos parte del piano para ver qué sucede realmente en su interior cuando pulsamos una tecla. Veremos cómo las teclas activan un complejo mecanismo que pone en movimiento martillos, apagadores y otras piezas, hasta conseguir que las cuerdas vibren y produzcan el sonido.

Y aprovecharemos que tenemos el piano abierto para hacer algo todavía más interesante: comprobaremos cómo actúan los armónicos sobre la vibración de las demás cuerdas y podremos observar y escuchar este fenómeno directamente.

Una cosa es explicarlo… ¡y otra muy distinta verlo y escucharlo dentro de un piano! 🎶

Ahora vamos a entrenar el oído, pero todavía no nos preocuparemos por reconocer la altura de los sonidos. De momento, nos centraremos únicamente en escuchar y reconocer las figuras musicales.

Realiza el siguiente dictado rítmico en compás de 2/4. Escucha con atención e intenta escribir correctamente los 8 compases que vas a escuchar.

🎧 Puedes escucharlo varias veces, pero intenta no hacerlo demasiadas… ¡hay que darle un poco de trabajo al oído! 😉

Recuerda practicar la lectura rítmica en casa y aprovecha también para leer las notas y ganar cada vez más fluidez.

Este es un trabajo que debes ir haciendo por tu cuenta, poco a poco, porque cuanto más ágil sea tu lectura, más podremos avanzar en clase. Cuando hayas adquirido cierta fluidez, podremos complicar las fórmulas rítmicas e introducir nuevos elementos sin que leer las notas suponga una dificultad añadida.

No hace falta practicar mucho tiempo seguido: unos minutos con frecuencia son mucho más útiles que hacerlo todo de golpe un solo día.

Puedes practicar con la ficha que te dejo aquí. 🎵